De nada sirve hacer una promesa con total integridad (capítulo 30) si al día siguiente permites que los ruidos del mundo y las tentaciones (capítulo 31) te distraigan y te hagan romperla. Ambos capítulos te exigen enfoque, disciplina y rectitud.


De nada sirve hacer una promesa con total integridad (capítulo 30) si al día siguiente permites que los ruidos del mundo y las tentaciones (capítulo 31) te distraigan y te hagan romperla. Ambos capítulos te exigen enfoque, disciplina y rectitud.