Recordando lo anterior: Dónde nos quedamos
La semana pasada, en Parashat Nitzavim, Moshé reunió a todo el pueblo de Israel en las llanuras de Moab. Les recordó el pacto con Dios, enfatizando que no era solo para los presentes, sino también para todas las generaciones futuras. Moshé advirtió sobre las consecuencias de alejarse de Dios y adorar ídolos, pero también les aseguró que siempre es posible volver y arrepentirse. Habló sobre la cercanía de la Torá, diciendo que no está lejana ni fuera de alcance, sino “muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón”. La parashá terminó con Moshé instando al pueblo a elegir la vida, amando y obedeciendo a Dios.
Esta semana: Parashat Va'yelej en palabras sencillas
Moshé continúa hablando al pueblo de Israel. Les dice: “Ahora tengo 120 años. Ya no puedo guiarlos, y Dios me ha dicho que no cruzaré el río Jordán con ustedes”. Les da confianza asegurándoles que Dios mismo irá delante de ellos y derrotará a las naciones de la tierra, y que Iehoshúa será quien los conduzca al otro lado. Moshé anima al pueblo a ser fuerte y valiente, a no tener miedo, porque Dios no los abandonará.
Luego Moshé llama a Iehoshúa y, delante de todo Israel, le dice que sea fuerte y valiente, porque él llevará al pueblo a la tierra que Dios prometió a sus antepasados, y que Dios estará con él.
Moshé escribe la Torá y la entrega a los sacerdotes, los hijos de Leví, que llevan el Arca del Pacto, y a todos los ancianos de Israel. Les ordena que cada siete años, durante la festividad de Sucot, al final del año de Shemitá (año sabático), cuando todo Israel se reúna en el lugar que Dios elija, la Torá debe ser leída en voz alta para todo el pueblo—hombres, mujeres, niños e incluso los extranjeros que vivan entre ellos—para que todos aprendan a respetar a Dios y cumplir Sus mandamientos.
Dios le dice entonces a Moshé que su tiempo está por terminar, y que después de su muerte, el pueblo se apartará y adorará dioses ajenos. Dios dice que ocultará Su rostro y que vendrán muchas dificultades. Dios le ordena a Moshé escribir una canción y enseñársela a los israelitas, para que sirva como testimonio cuando se alejen. Ese mismo día, Moshé escribe la canción y la enseña al pueblo.
Dios nombra a Iehoshúa como nuevo líder, diciéndole que sea fuerte y valiente, porque él llevará a los israelitas a la tierra prometida. Moshé termina de escribir la Torá y la entrega a los sacerdotes. Ordena a los levitas colocar el rollo de la Torá junto al Arca del Pacto, como testimonio para el pueblo. Moshé les dice a los ancianos y oficiales que sabe que el pueblo se desviará después de su muerte, y que la canción que ha escrito servirá como recordatorio y advertencia para las generaciones futuras.
Una enseñanza de la parashá
Una de las ideas más profundas de esta parashá es el valor de la transición en el liderazgo y la importancia de la continuidad. Moshé, el mayor líder de Israel, sabe que su tiempo está llegando a su fin. En vez de aferrarse al poder, prepara al pueblo y a Iehoshúa para el futuro. Les da ánimo, orientación y un sistema—la lectura pública de la Torá cada siete años—para asegurar que la conexión con Dios y la Torá no se pierda. Esto nos enseña que el verdadero liderazgo no consiste en retener el poder, sino en fortalecer a otros y garantizar que los valores y enseñanzas sigan vivos incluso después de nuestra partida. La Torá no es solo para una generación, sino para siempre, y es responsabilidad de cada líder y de cada persona transmitirla.
Creado por Rabino Ari (IA)
