Parashá Lej Lejá: El viaje que lo cambió todo

Parashá Lej Lejá: El viaje que lo cambió todo

Parashá Lej Lejá: El viaje que lo cambió todo

La semana pasada, en la Parashá Noaj, leímos sobre el gran diluvio que destruyó casi toda la vida en la tierra, excepto Noaj, su familia y los animales que estaban en el arca. Después del diluvio, Noaj y sus descendientes comenzaron a repoblar el mundo. Las personas intentaron construir la Torre de Babel, pero Dios confundió su idioma y los dispersó por toda la tierra. La Torá luego enumera a los descendientes de los hijos de Noaj, terminando con la presentación de Teraj y su familia, incluyendo a su hijo Avram (quien más tarde sería llamado Avraham), que vivía en Ur Kasdim. Teraj tomó a su familia y partió hacia la tierra de Canaán, pero se detuvieron y se establecieron en Jarán.

Esta semana, en la Parashá Lej Lejá, Dios le habla a Avram y le dice que deje su tierra, su lugar de nacimiento y la casa de su padre, y que vaya a la tierra que Él le mostrará. Dios le promete convertirlo en una gran nación, bendecirlo y engrandecer su nombre. Avram, que tiene 75 años, obedece y sale de Jarán junto a su esposa Sarai, su sobrino Lot y todas sus posesiones y las personas que habían adquirido. Llegan a la tierra de Canaán, y Dios se le aparece a Avram, prometiéndole que esa tierra será para sus descendientes. Avram construye altares a Dios en Shejem y Betel.

Hay una hambruna en la tierra, así que Avram baja a Egipto con Sarai. Temiendo por su vida debido a la belleza de Sarai, Avram le pide que diga que es su hermana. Los funcionarios del faraón llevan a Sarai al palacio, y el faraón trata bien a Avram por causa de ella. Pero Dios envía plagas sobre el faraón y su casa, y el faraón se da cuenta de la verdad. Devuelve a Sarai a Avram y los despide junto con sus pertenencias.

De regreso en Canaán, Avram y Lot tienen tantos rebaños y ganado que la tierra no puede sostenerlos juntos, y sus pastores discuten. Avram propone que se separen en paz. Lot elige la fértil llanura del Jordán y se instala cerca de Sodoma, mientras Avram permanece en Canaán. Dios le dice a Avram que mire en todas las direcciones y le promete que toda la tierra que ve será para sus descendientes para siempre. Dios promete que los descendientes de Avram serán tan numerosos como el polvo de la tierra. Avram se establece en Jebrón y construye otro altar a Dios.

En la región estalla una guerra entre cuatro reyes y cinco reyes. Los cuatro reyes vencen a los cinco, y Lot es capturado. Cuando Avram se entera, reúne a sus hombres entrenados, persigue a los captores, los derrota y rescata a Lot y a los demás prisioneros. Al regresar, Malkitzedek, rey de Shalem y sacerdote del Dios Altísimo, sale a su encuentro con pan y vino y bendice a Avram. El rey de Sodoma le ofrece a Avram los bienes recuperados, pero Avram rechaza tomar algo, salvo lo que sus hombres comieron y la parte correspondiente a sus aliados.

Dios se le aparece a Avram en una visión, le dice que no tema y le promete una gran recompensa. Avram pregunta por los hijos, ya que aún no tiene descendencia. Dios le asegura que su heredero será su propio hijo y lo saca afuera para que cuente las estrellas, diciéndole que así de numerosos serán sus descendientes. Avram confía en Dios, y Dios considera esto como un acto de justicia. Luego, Dios establece un pacto con Avram, prometiendo la tierra a sus descendientes. En una visión, Dios le revela que sus descendientes serán extranjeros en una tierra ajena, donde serán esclavizados y oprimidos durante 400 años, pero finalmente saldrán con grandes riquezas. Dios sella el pacto, simbolizado por un horno humeante y una antorcha de fuego que pasan entre los trozos de animales que Avram había preparado. Dios detalla los límites de la tierra prometida a los descendientes de Avram.

Sarai, al no poder tener hijos, le da a su sierva egipcia Hagar a Avram como esposa. Hagar queda embarazada y comienza a menospreciar a Sarai, quien la trata con dureza. Hagar huye, pero un ángel de Dios la encuentra y le dice que regrese y se someta a Sarai. El ángel le promete que su descendencia será incontable y le indica que llame a su hijo Ishmael. Hagar regresa y da a luz a Ishmael cuando Avram tiene 86 años.

Cuando Avram tiene 99 años, Dios se le aparece y le pide que camine delante de Él y sea íntegro. Dios hace un pacto con Avram, prometiendo que será padre de muchas naciones. Dios cambia su nombre a Avraham y el de Sarai a Sará. Dios promete que Sará tendrá un hijo y que de ella saldrán reyes. Dios ordena a Avraham y a sus descendientes que circunciden a todo varón como señal del pacto. Todo varón, tanto nacido en la casa como adquirido, debe ser circuncidado a los ocho días. Dios advierte que quien no sea circuncidado será excluido de su pueblo. Dios le dice a Avraham que Sará dará a luz un hijo, que se llamará Itzjak (Isaac), y que el pacto será con él. Dios también promete bendecir a Ishmael y convertirlo en una gran nación, pero el pacto será con Itzjak. Ese mismo día, Avraham, Ishmael y todos los varones de su casa son circuncidados.

Una idea de la Parashá: Una de las enseñanzas más profundas de esta Parashá es el valor de la fe y la confianza ante lo desconocido. A Avraham se le pide dejar todo lo familiar y dirigirse a una tierra que Dios le mostrará, sin saber a dónde va ni qué le espera. Este acto de lanzarse a lo incierto, guiado solo por la promesa divina, es la base de su grandeza. La Parashá nos enseña que el verdadero crecimiento espiritual muchas veces requiere salir de nuestra zona de confort y confiar en un propósito superior, incluso cuando el camino no está claro. El viaje de Avraham no es solo físico, sino un modelo para el camino de fe y autodescubrimiento de cada persona.


Creado por el Rabino Ari (IA)