Introducción: La parashá de la semana pasada, Va'Yigash, terminó con el emotivo reencuentro de Yosef y sus hermanos en Egipto. Jacob, su padre, finalmente llegó a Egipto tras años de duelo por Yosef, a quien creía muerto. La familia se estableció en la tierra de Goshen, y Yosef se encargó de proveerles durante la hambruna. Jacob conoció al faraón y lo bendijo, y los israelitas comenzaron a prosperar en Egipto. Estos acontecimientos preparan el escenario para la parashá de esta semana, Va'yeji, que cierra el libro de Bereshit (Génesis) y se centra en los últimos días de Jacob, sus bendiciones a sus hijos y sus instrucciones para el futuro.
La parashá en palabras sencillas: Jacob vivió en Egipto diecisiete años, y su vida sumó un total de 147 años. Al sentir que su final se acercaba, Jacob llamó a Yosef y le hizo prometer que no lo enterraría en Egipto, sino que lo llevaría a la tumba de sus antepasados en Canaán. Yosef juró cumplir su deseo. Más tarde, Jacob enfermó, y Yosef llevó a sus dos hijos, Efraín y Menashé, a visitar a su abuelo. Jacob se incorporó en la cama y le contó a Yosef que Dios se le había aparecido en Luz (Betel) y lo había bendecido, prometiéndole una descendencia numerosa y la tierra de Canaán. Jacob declaró que Efraín y Menashé serían considerados como sus propios hijos, al igual que Rubén y Shimón, y que cada uno formaría una tribu de Israel. Explicó que los demás hijos que Yosef tuviera después serían de Yosef, pero Efraín y Menashé tendrían un estatus especial.
Jacob recordó entonces la muerte de Rajel, la madre de Yosef, y cómo la enterró en el camino a Efrat (Belén). Jacob pidió a Yosef que acercara a sus hijos para bendecirlos. Aunque su vista ya no era buena, Jacob abrazó y besó a los muchachos. Le dijo a Yosef que nunca pensó que volvería a verlo, y ahora incluso veía a sus hijos. Yosef colocó a Efraín a la izquierda de Jacob y a Menashé a su derecha, pero Jacob cruzó las manos, poniendo la derecha sobre Efraín, el menor, y la izquierda sobre Menashé, el primogénito. Los bendijo invocando al Dios de sus padres Abraham e Isaac, y pidió que se multiplicaran en la tierra. Yosef intentó corregir a su padre, pero Jacob insistió en que Efraín sería más grande que Menashé, aunque ambos serían grandes pueblos. Ese día Jacob los bendijo diciendo: "En ti bendecirá Israel, diciendo: Que Dios te haga como Efraín y como Menashé".
Jacob le dijo a Yosef que le daba una porción extra sobre sus hermanos, la que tomó de los amorreos con su espada y su arco. Luego Jacob llamó a todos sus hijos para anunciarles lo que les depararía el futuro. Se dirigió a cada uno por turno, describiendo su carácter y destino. Rubén, el primogénito, perdió su estatus por sus acciones impulsivas. Shimón y Leví fueron criticados por su violencia. Yehudá fue elogiado y se le dijo que de su linaje vendría la realeza. Zabulón viviría junto al mar, Isajar sería como un asno fuerte dedicado al trabajo, Dan juzgaría a su pueblo, Gad sería atacado pero saldría adelante, Asher tendría abundancia, Naftalí sería ágil, y Yosef sería fructífero y bendecido a pesar de las adversidades. Benjamín sería como un lobo voraz. Jacob dio a cada hijo una bendición única y apropiada para él.
Después de bendecir a sus hijos, Jacob les pidió que lo enterraran junto a sus antepasados en la Cueva de Majpelá en Hebrón, donde están Abraham, Sará, Isaac, Rivká y Lea. Cuando Jacob terminó de hablar, recogió los pies en la cama y falleció. Yosef se inclinó sobre el rostro de su padre y lloró. Ordenó a los médicos egipcios embalsamar a Jacob, lo cual llevó cuarenta días, y los egipcios lo lloraron durante setenta días. Yosef pidió permiso al faraón para enterrar a su padre en Canaán, tal como Jacob había solicitado. El faraón accedió, y Yosef, sus hermanos y muchos dignatarios egipcios viajaron a Canaán en una gran caravana. Lloraron a Jacob en la era de Atad y luego lo sepultaron en la Cueva de Majpelá.
Tras la muerte de Jacob, los hermanos de Yosef temieron que él se vengara por lo que le habían hecho en el pasado. Le enviaron un mensaje diciendo que Jacob le había pedido que los perdonara. Yosef los tranquilizó, diciendo que él no ocupaba el lugar de Dios y que, aunque ellos quisieron hacerle daño, Dios transformó todo para bien y así salvó a mucha gente. Les prometió cuidar de ellos y de sus familias. Yosef vivió hasta ver a sus bisnietos. Antes de morir, a los 110 años, Yosef les dijo a sus hermanos que Dios los sacaría de Egipto y los llevaría a la tierra prometida a Abraham, Isaac y Jacob. Les hizo jurar que, llegado el momento, llevarían sus restos de Egipto. Yosef murió, fue embalsamado y colocado en un ataúd en Egipto.
Una enseñanza de la parashá: Una idea poderosa de esta parashá es la forma en que Jacob bendice a sus hijos, especialmente a Efraín y Menashé. En vez de seguir el orden esperado, Jacob cruza las manos y otorga la bendición principal al hijo menor. Este gesto muestra que la grandeza espiritual y el destino no siempre dependen del orden de nacimiento ni de las expectativas sociales. Las bendiciones se adaptan a las cualidades y futuro de cada hijo, enseñándonos que cada persona tiene un papel y un potencial únicos. La parashá nos recuerda que el verdadero liderazgo y la bendición surgen al reconocer las fortalezas individuales y al tener el valor de actuar según lo correcto, no solo según la tradición o lo que se espera.
Creado por el Rabino Ari (IA)
