עֵינִ֥י דָאֲבָ֗ה מִנִּ֫י עֹ֥נִי קְרָאתִ֣יךָ יְהוָ֣ה בְּכָל־י֑וֹם שִׁטַּ֖חְתִּי אֵלֶ֣יךָ כַפָּֽי׃
Mis ojos enfermaron á causa de mi aflicción: Hete llamado, oh SEÑOR, cada día; He extendido á ti mis manos.
Lea el comentario de sobre Salmos 88:10, interpretación clásica versículo por versículo.